Lora Grigorova, Madrid

El uso de la píldora disminuyó en un 13% en la última década. Se trata de un dato que a primera vista podría sonar preocupante, si no fuera por la amplia lista de efectos secundarios que el consumo de este método anticonceptivo produce en las mujeres como los cambios repentinos de humor, el hinchazón, la náusea y el aumento de peso, entre otros.

Para muchas, la píldora está relacionada con los gloriosos días de la emancipación de la mujer, ya que su progresiva legalización en los años 60s y 70s en los diferentes países del mundo occidental permitió que la mujer se sintiera libre y segura en sus relaciones por primera vez. No obstante, menos de cincuenta años después, para aquellas mujeres millenials nacidas entre 1982 y 1996, las opiniones llegan a ser bastante discrepantes. Todo esto se debe a que, en una época en que nos preocupamos cada vez más por llevar un estilo de vida sano, el hecho de consumir un químico que altera el funcionamiento natural del cuerpo puede sonar un poco extraño.

En un estudio reciente de la Universidad de Copenhague, más de un millón de chicas les han confirmado que existe una estrecha relación entre el consumo de la píldora y la depresión. Para ello, en el 80% de los casos, los médicos no dudan en prescribir antidepresivos a los cuales muchas mujeres se han vuelto adictas. Otros efectos relacionados con el consumo de la píldora son la hipertensión y el aumento del riesgo de padecer de ciertos tipos de cáncer como el cáncer cervical y de hígado.

La pregunta que se hacen muchas es: ¿Por qué las mujeres tenemos que tomar anticonceptivos y los hombres no? En realidad, la píldora fue primero testada en hombres por su creador, el biólogo Georgy Pincus, en los años 50s. No obstante, como explica Holly Grigg-Spall, autora del libro y documental Sweetening the Pill (Endulzando a la Píldora) “Fue rechazada por los hombres debido al gran número de efectos secundarios que les causaba.” y se creía que “las mujeres podían tolerar mejor dichos efectos secundarios que los hombres, que necesitaban de una mejor calidad de vida.”

Actualmente han sido desarrollados métodos anticonceptivos alternativos, como la aplicación creada por la doctora Elina Berglund, fundadora de Natural Cycles, que emplea la temperatura corporal para ayudar a sus usuarias a prevenir o planear el embarazo. A través de un algoritmo “puedes predecir la ovulación a través de la temperatura de tu cuerpo y de esta manera calcular cuándo estás fértil y cuándo no.” explica Berglund, ya que “cuando una ovula, el aumento de progesterona sube la temperatura corporal hasta ⅓ de grado.”

Se ha demostrado que la aplicación de Natural Cycles tiene un 99% de efectividad, lo cual es equiparable a la píldora anticonceptiva; no obstante, esta y otras alternativas naturales han tenido problemas para entrar al mercado farmacéutico en donde tienen que competir con las grandes marcas que están por detrás de la producción de la píldora tradicional, la cual supone un gasto bastante significativo para sus consumidoras. Es verdad que los médicos tienen el incentivo de empezar por prescribir la opción más económica, aunque no sea la más apropiada para la paciente, pero los precios de la píldora anticonceptiva en España pueden variar entre 15 y 35 euros al mes, lo cual supone un gasto medio anual de unos 300€.

Hasta la fecha, el rechazo del uso píldora ha sido normalmente relacionado con la religión, no obstante hoy en día tenemos evidencias de que hay razones que van más allá de cualquier creencia y que conciernen al bienestar de la mujer. En este artículo no se trata de imponer nada, sino que de llamar la atención de que a lo mejor hay maneras alternativas de prevenir el embarazo que son naturales y que son mucho menos costosas.