Lora Grigorova, Madrid

Según estadísticas recientes, sólo el 3% de los directores de fotografía en cine son mujeres y hasta la fecha no ha habido una ganadora del Óscar a mejor fotografía. ¿Será que a las mujeres no nos gusta estar detrás de las cámaras?

En ocasiones anteriores hemos presentado listas de los más emblemáticos directores de fotografía de la historia basadas en datos oficiales publicados por medios y asociaciones a nivel mundial; sin embargo, en lo que respecta a mujeres cinematógrafas, la información es escasa y poco estructurada, a pesar de que desde los orígenes del cine ha habido mujeres detrás de las cámaras.

Por este motivo, he seleccionado algunas películas recientes con excelente fotografía a cargo de mujeres, las cuales a mi ver nos ofrecen una visión diferente del mundo.

En primer lugar, me gustaría destacar la película francesa 8 Mujeres (2002) dirigida por François Ozon y cuya fotografía está a cargo de Jeanne Lapoirie. Se trata de una comedia musical oscura basada en la obra de teatro homónima de Robert Thomas de 1958. La cinta cuenta con un elenco de lujo en el cual figuran algunos de los nombres más importantes del cine francés de las últimas décadas: Danielle Darrieux, Catherine Deneuve, Isabelle Huppert, Emmanuelle Béart, Fanny Ardant, Virginie Ledoyen, Ludivine Sagnier y Firmine Richard. En términos fotográficos destaca por su lujosa paleta de colores que recuerda a la sedosa textura de las películas de los años 1950s, demás de que hasta el más pequeño detalle está cuidado a que reproduzca a las primeras décadas del technicolor.

La siguiente película no sólo tiene una directora de fotografía, sino que también fue dirigida por una mujer y cuenta la historia de una fotógrafa. Se trata de High Art (1998) dirigida por Lisa Cholodenko y con la fotografía de Tami Reiker, quienes retratan la historia de una joven que trabaja en una prestigiosa revista de fotografía y que se envuelve con su vecina lesbiana drogadicta, la cual resulta ser una fotógrafa ingeniosa. En término fotográficos, la cinta destaca por su color verdoso que compagina con las fotografías realizadas por el personaje de la fotógrafa. Reiker logra crear un ambiente bastante íntimo y a la vez con ciertos momentos de claustrofobia generados por el consumo de narcóticos por parte de las protagonistas, en donde la cámara adquiere un movimiento lento con los bordes de la imágen borrosos. Se trata de una película que se ha vuelto indispensable para todos aquellos que se dedican a la fotografía.

Sigue a continuación una de las películas más aclamadas del cine comercial del año pasado. Se trata de The Neon Demon (2016) dirigida por Nicolas Winding Refin y con la fotografía de Natasha Braier, quien en entrevista para The Guardian confiesa que cuando adquirió el guión por primera vez la idea no le atrajo para nada y que llegó a decirle al director que no creía que podrían trabajar juntos, solo para recibir una llamada de su agente poco después de la entrevista para decirle que le habían concedido el trabajo. El resultado es espectacular, destacando por una cámara estática que nos hace sentir como si estuviéramos mirando un libro de fotografía, en donde destacan los colores complementarios, en especial el rojo y el azul,  con imágenes que se salen de lo racional.

La siguiente película es Velvet Goldmine (1998) dirigida por Todd Haynes y con la fotografía de la francesa Maryse Alberti, quienes narran la historia del pop star fictício Brian Slade. La cinta reconstruye la escena del glam rock británico de los años 70s, centrándose en el personaje de Slade, interpretado por Jonathan Rhys Meyers, quien es un ícono bisexual inspirado en David Bowie. En términos fotográficos, Alberti logra reconstruir la esencia de la época glam, a la vez que nos hace sentir que se trata de algo singular que ocurrió en esos años y que jamás volverá a suceder.

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Para terminar, les comparto una de las películas que más me han impactado a nivel fotográfico en los últimos años. Se trata de la película francesa Holly Motors (2012) dirigida por Léos Carax con la fotografía de la aclamada cinematógrafa Caroline Champetier, quien a lo largo de su carrera ha trabajado con varios directores emblemáticos como es el ejemplos de Jean-Luc Godard.

(Caroline Champetier en el set de Holy Motors. Foto por Benoit Bouthors)

Protagonizada por Denis Lavant, la película está dividida en diez segmentos de 24 horas, cada uno de los cuales nos cuenta la vida de un personaje distinto. Champetier utiliza técnicas que ella denomina como “contradictórias”, ya que el guión la obligó a trabajar en ambientes muy diversos, en velocidades y con luces muy contrastantes. Para ello tuvo que buscar una cámara que cumpliera con esas necesidades y que en especial fuera capaz de grabar en la oscuridad total como la DVX100 y también conseguir una gran variedad de luces que varían en cada escena.