Yourbanclash, Madrid

Fotografía y video del concierto: Lora Grigorova y Alberto Sibaja

La semana pasada estuvimos en uno de los eventos del festival Electrónica en Abril organizado por La Casa Encendida de Madrid, el cual hemos tenido la oportunidad de cubrir en ediciones anteriores. De esta vez, tuvimos el enorme privilegio de ver en directo a una de las productoras de música electrónica que más nos ha impactado en los últimos años.

Se trata de la Aïsha Devi, una artista sueca con orígenes tibetanos que se lanzó al estrellato en el 2013 con su álbum Aura 4 Everyone del sello Danse Noire y cuyo trabajo conocimos a través del videoclip “Mazdâ” dirigido por el increíble artista visual chino Tianzhuo Chen.

Su sonido mezcla a las tradiciones que heredó de su familia del Tíbet, lo cual incluye la meditación y los mantras del Budismo, con la cultura contemporánea y la música electrónica, proponiendo un formato de convivencia que fusiona el clubbing con la espiritualidad. Según Aïsha, es posible generar un tipo de bienestar espiritual a través de la fiesta, el baile y la música mucho más pleno que el proporcionado por cualquier religión. Efectivamente, su concierto es prueba de ello, ya que las frecuencias que emplea son las mismas que se usan en la meditación, compaginando con los visuales psicodélicos del videógrafo francés Emile Barret, con quien se suele presentar.

Tuvimos el gusto de tener una breve entrevista con Aïsha Devi y Emile Barret después de su presentación en La Casa Encendida. Les dejamos a continuación el podcast y transcripción de nuestra charla, así como algunas fotos y video que hicimos del concierto.

Hoy en día, ¿cómo es ser una mujer en el mundo de la música electrónica?

Aïsha – Es una pregunta algo curiosa, porque yo nunca pienso en mí como una mujer. Creo que el género es algo en que piensas cuando hay problemas y cuando hay un problema soy la primera en ser feminista; pero, sueño con un mundo en donde no hay género, no hay color y no hay identidad respecto a países y fronteras. Esta es mi utopía. Pero cuando hay un problema soy la primera en gritar y a salir a la calle a protestar por los derechos de la mujer. Creo que la música no tiene género, es más bien un producto de tu propio génesis, de tu historia y de tus cicatrices.

Tu concierto es como estar en algún tipo de Iglesia, en un ritual. También los visuales presentan una mezcla de imaginería de diferentes religiones y diferentes épocas de la historia.

Aïsha – Lo que trato de transmitir en un estilo subversivo es que las personas no entienden que tienen todo el conocimiento en sus dedos y en sus manos, pero no lo toman porque son sumisos a la sociedad. Yo no soy una persona religiosa, soy una persona espiritual. Para mi hay una enorme diferencia entre las dos cosas, porque la religión es dogmática, la religión es opresiva, es una herramienta para manipular a la gente, pero la espiritualidad es libertad, es sobre el amor, sobre el compartir, es sobre conectar con otra gente sin jerarquías.

Emile – Sí, en los visuales tomamos referencias del movimiento alquimista y el movimiento de Rosacruz y se trata de insinuar la posibilidad de la trascendencia de las cosas, de cualquier cosa.

Aisha – Sí, yo creo que ¡“transcendencia” es la palabra! La Iglesia tiene miedo de la trascendencia. Si te fijas de manera detenida en la historia, hay cosas como la quema de brujas, porque las brujas sabían mucho sobre la magia, sobre el mundo invisible y creo que ya es tiempo que recuperemos ese conocimiento. Además que somos minoría, somos subversivos, somos marginados, pero sabemos y creo que mucha gente se está uniendo porque sabemos cada vez más y tenemos tanto poder en nuestras manos! No necesitamos del sistema, no necesitamos de una jerarquía, no necesitamos de la Iglesia y no necesitamos de ninguna institución para saber eso. Empieza en el individuo primero para volverse en una comunidad. Es por eso que la comunidad se reúne y esto se vuelve cada vez más grande.

Emile, tus visuales ¿están de alguna manera inspirados por Alejandro Jodorowsky?

Emile –  De cierta forma… Me gustan los ambientes densos y las cosas esotéricas. Juego mucho con los ojos y también con la perspectiva. En La Montaña Sagrada esto llega a ser algo peculiar (risas). Sí, creo que es como una mezcla de todo lo que he visto.

Aïsha – Creo que la idea es la de retratar a lo trascendente, porque la tercera dimensión es sobre lo físico y la gente tiene tanto miedo de enfermarse y de la muerte y la idea es dar a la gente la noción de que somos más que nuestro físico. Hay otro mundo invisible que es energía, es amor. Por ejemplo, ¿qué es lo que más te importa a ti en tu vida? ¡Tienes que contestar!

Bueno, eso es una pregunta difícil…

Aïsha – Sí, pero esa es la cosa. Te importa el amor, la música, cosas que no son físicas.

Sí, lo que más te gusta hacer.

Aïsha – Sí, cosas que son una energía, una vibración y eso es lo que queremos transmitir con los visuales.

Emile – Sí, queremos ir más a fondo de lo visual.

Aïsha – Yo estoy estudiando mucho sobre la música chamana del Tibet y sé que la música puede curar al mundo. Uso a esas frecuencias y el lenguaje contemporáneo para inducir que los rituales pueden curar a la gente. Creo que la Iglesia no tiene un objetivo coherente. Creo que los nuevos templos son los clubs porque son lugares donde nos podemos reunir y ser un colectivo de una manera subversiva, bailando y escuchando música, que son esencias primigenias del ser humano. Estas frecuencias te curan y esta es la idea de las cinco dimensiones. Es más que nuestro físico. Se trata de trascender. Lo visual y la música se mezclan de una manera de que nos hacen querer salir de nuestra fisicalidad y perdernos en el espacio.

Emile – Es como un viaje iniciático es como una invitación a la gente que inicie ese viaje, tanto a través de la música como a través de los visuales. Piensas en el cuerpo y la mente como algo que está al mismo nivel, como si estuvieran en la misma dimensión, y entonces de repente desaparecen y se vuelven en algo más abstracto. También tienes a tus conocimientos que se desvanecen y se vuelven en otra cosa.

Aïsha – Y hay dos cosas respecto a eso. Primero, dejas salir tu ego, porque cuando bailas colectivamente tu ego ya no está adentro. La otra cosa es que sales de tu fisicalidad y ya no sientes la presión del tiempo y del lugar. Entonces ya cuando no importa el tiempo y la locación perteneces a la misma eternidad.

Y ¿se sienten conectados con algún tipo de movimiento futurista?

Emile – Bueno, yo soy maximalista.

Aïsha – Y yo soy minimalista. Yo soy diseñadora gráfica y creo que el minimalismo permite al espacio hablar. Cuando permites que haya espacio, permites que la información fluya. Por ejemplo, en un poster, el espacio es igual de importante que la información. Entonces, soy más minimalista, y cada sonido que hago tiene su propósito mientras que él es un maximalista!

Y ¿no chocan?

Emile – No, nos complementamos.

Aïsha – Es algo como Yin y Yang.

Emile – Es como cuando vas en la calle y ves tantas cosas y cada persona es una cosa, un minimalista, pero en realidad el mundo no es nada minimalista.

Aïsha – Sí, pero a veces el mundo necesita de minimalistas porque nosotros no necesitamos de nada. Cuanto más posees, lo menos feliz eres y me he dado cuenta que lo menos que tengo lo más libre soy, porque así puedo viajar a donde quiera y no preocuparme por nada. Yo solo me preocupo por mi ordenador y es todo lo que necesito.

Por cierto, ¿cuál es tu instrumento favorito, Aïsha?

Aïsha – Honestamente, mi ordenador y mi voz. Son como una extensión de la trascendencia.

Y ¿cómo definirías tu música y tu estilo?

Aïsha – Ah! Por cierto, hace tiempo escribí un pequeño poema sobre eso: “Si me nombras me niegas”. Esa es la idea. Si etiquetas a alguien lo privas de ser algo diferente. Yo quiero ser todo! Soy todo! Tu eres todo! Porque en nuestra sociedad hay tantas fronteras, tantos límites y eso no está bien, porque es todo una ilusión. Podemos hacerlo todo. Por ejemplo, ahora estoy aprendiendo a andar en skate y el otro día me caí y me rompí el brazo.

Sí, lo notamos en el concierto.

Aïsha – Sí, lo rompí, pero voy a volver a andar en skate porque creo que no hay límites.

¿Es un longboard?

Aïsha – No (risas) es un skate normal. Pero creo no hay límites. El sistema te hace creer que tu eres esto y lo otro, pero en realidad no hay orden. Tu lo puedes ser todo. Ese es mi mensaje al mundo. Honestamente, también para las mujeres que tienen que ser esto o lo otro, pero no hay límites. Todo son proyecciones ilusorias.