Por Betto Sibaja, Madrid

 

Caminando por Gran Vía o dando un paseo por Plaza Mayor, la ciudad se envuelve en el olor de unos clásicos Ducados o tal vez de unos fuertes Malboro rojos, por no mencionar a un oloroso habano sabor vainilla o, más artesanal aún, un buen cigarro hecho con tabaco de liar. Todo esto ha ido disminuyendo progresivamente, ya que a los fumadores en Europa, se les ha restringido este gusto. En España, el 2 de enero del 2011 entró en vigor la famosa “ley antitabaco” que desató la “psicosis” en los lugares públicos y de uso colectivo, especialmente para los fumadores empedernidos.Así pues, esta norma se ha acatado de manera total, a pesar de las quejas de los fumadores. Como consecuencia, según el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT),  tres millones de fumadores han intentado dejar de fumar, aunque sólo 600.000 lo han conseguido.La edad media del consumo del cigarrillo es de catorce años, lo cual es muy preocupante porque tiene graves consecuencias en la salud de la gente joven.  Además, el tabaquismo tiende a aumentar en ese sector de la población, transformándose en un acto social. Por ende, la disminución del hábito del tabaco ha sido muy ligera; según los datos proporcionados por Juan Antonio Riesco, vicepresidente de la SEPAR, solo el 27% de los fumadores  ha intentado dejar de fumar en el año 2012, de los cuales solo el 14% pudo resistir más de 24 horas, y el 72% recayó antes de las cuatro semanas. Solo un 6% pudo dejar el cigarro, ya que la consulta a profesionales fue muy escasa, sólo el 12%.

Para una persona como yo que, ha compartido piso con fumadores durante algunos años, he tenido la experiencia de ser un fumador pasivo y me he acostumbrado al humo, de tal manera que no tengo nada en contra de las personas que fuman. De hecho, hasta intenté fumar, pero no lo conseguí. Sentía que me mareaba cuando lo intentaba. Tal vez alguna vez me fue más fácil alguna caladita, cuando me tomaba alguna copa de vino o cerveza, pero con mi vida cotidiana no funcionaba, al contrario me alteraba. Sin embargo, la media de los fumadores pasivos, como en mi caso, ha disminuido, así lo señala Carlos Jiménez Ruiz coordinador del grupo de Tabaquismo de la SEPAR (Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica). Los fumadores pasivos han pasado de ser el 49,5% de la población en 2005 al 37,8% tras la primera ley, que prohibía fumar en el trabajo y esto descendió un 21% tras la reforma que incluye todos los espacios de ocio cerrados.

Según el estudio de la SEPAR el consumo de los fumadores en España  es de aproximadamente 12 cigarrillos por día. De esta forma, el efecto que muchos fumadores asocian con el deseo de fumar es que el humo los sosiega, los inspira, dos placeres que están unidos, por más cómico que esto suene, el efecto es adictivo.

Un libro que se volvió internacionalmente famoso llamado Es fácil dejar de fumar si sabes cómo (The easy way to stop smoking)  de Allen Carr, nos proporciona ejemplos en contra de la nicotina, “Grábatelo en tu mente: no hay absolutamente nada que sacrificar. Con esto no quiero decir simplemente que estarás mejor como no fumador (has sabido esto toda tu vida); ni quiero

“Si en cualquier momento de tu vida supecharas los pros y contras del fumar, siempre llegarías a la conclusión: «Deja de hacerlo. Eres un imbécil.» Nada cambiará esto nunca. Siempre ha sido así y siempre será así. Has tomado lo que tú sabes que es la decisión correcta, no te tortures dudando”.

Relacionando los casos anteriores, ¿es posible disminuir, el tabaquismo en Madrid? o la conversación siempre será interrumpida por el tipico “Tengo que salir a fumar, porque sino exploto!”