Betto Sibaja, Madrid
La bicicleta, como artilugio colectivo, se está consolidando como el transporte más ágil y cómodo en la urbanidad. De esta manera, este vehículo nos ejercita y, al mismo tiempo, nos muestra el panorama vivo de la ciudad sin gastar un solo céntimo. Diferentes estilos de montar en bici se aprecian en la capital española, pese a no ser del todo apta para este  velocípedo, desde el tandem para dos, el triciclo de reparto, la bici de remolque, hasta la bicicleta de mano reclinada o la famosa bici plegable. En todos los casos, el sistema de transmisión son los  pedales, que van tirando una cadena, la cual  gira una estrella que es impulsada por nuestra propia fuerza. Por supuesto, se necesita el espacio para aplicar esta fuerza avanzando por los recovecos de la urbanidad. Sin embargo, la situación en la capital madrileña no es muy segura, ni fácil. Lo ciclistas exigen y luchan continuamente por sus derechos en las vías sobre pobladas por automóviles y  transeúntes inconformes. Por ejemplo, el movimiento bicicrÍtica, en el cual los ciclistas de la metrópoli se reunen en la plaza Cibeles y organizan distintos recorridos manifestándose a favor de una mejora en el diseño y la vialidad de las calles y avenidas con respecto al implemento de la bicicleta como transporte urbano. Así pues, el movimiento argumenta que los recorridos que sean menores de 5 Km pueden ser efectuados por cualquier persona. De esta manera, celebrado el último jueves de cada mes, reinvidican la bici bajo la afirmación  “Usa la bici diario,celébralo una vez al mes”.
El número de  usuarios de este transporte va creciendo día a día . Esto es una demanda  muy fácil de observar en las vías principales. Se trata, entre otras cosas, del resultado de la subida  del coste del transporte público y que ha dado como consecuencia algunas iniciativas como la del famoso movimiento “Yo no pago”,  una acción para colarse en el metro sin pagar, inspirada en su análoga  “Den pirono” surgida en Grecia el año pasado. De esta forma, el protagonismo de la bici se hace presente en todos estos acontecimientos de la actualidad. Otra propuesta,  “Bicicum”, fue inaugurada a cargo de José Manuel Pradillo, gerente del consorcio regional de transportes de Ciudad Universitaria hace ya 7 meses. Este es un sistema que fomenta el alquiler de bicis para desplazarse a las distintas áreas universitarias. No obstante, sigue sin hacer efecto en los estudiantes madrileños, a pesar de la inversión inicial de 200 mil euros. Este centro, ubicado en el metro de Ciudad Universitaria, cuenta con aproximadamente 300 bicicletas, sin embargo, esto no significa que se alquile 3l total de ellas aunque la tarifa  sea bastante accesible, empezando en el 1.50 euros al día, hasta los 15 euros por mes. De los 700  usuarios inscritos, los constantes rondan alrededor de un 25 por ciento que, en su mayoría, son estudiantes Erasmus provenientes de países centroeuropeos que están concienciados en la cultura del velocípedo.
Durante el mes de marzo, la noticia acerca del ciudadano Oliver, que  fue multado en la localidad de Pozuelo por llevar en una bicicleta a sus hijas, de entre cinco y dos años, conmovió al publico en general. Oliver las transportaba  en una bici alemana modelo kemper max pack duo, diseñada para llevar hasta tres personas. Esta bici tiene integradas dos sillas, una bobike duo y otra bobike maxi, ambas homologadas según las normas europeas. Este acontecimiento se volvió famoso en la capital. La policía declaró, ante los servicios sociales, al padre como irresponsable por hacer un tramo de recorrido por una acera de unos 200m aproximadamente. Algo que no está permitido, admitió el padre, argumentando a su vez que esa zona del recorrido es bastante peligrosa por  falta de infraestructura para los ciclistas, y asegurando  preferir cometer una leve infracción antes de poner en riesgo la integridad física de sus hijas. El infractor alegó que en donde realmente hace falta centrarse es en el cumplimiento de las normas de circulación, en las que, entre diversos puntos, se proponen cosas como una velocidad máxima de 40km o el 1.5 metros de distancia que tienen que dejar los coches para dejar pasar una bici.

 

Analizando los casos anteriores, está por demás claro que el debate sobre el uso de la bici en espacios urbanos no ha hecho sino comenzar. Habrá taxistas que no les parezca  que las bicis invadan su carril, o personas mayores no acostumbradas a compartir la acera con esta variedad de vehículo. Pero, más allá de estas diferencias, no se puede pasar por alto todos los beneficios que  genera este  velocípedo:  desde evitar emisiones, aminorar el calentamiento global, reducir el tráfico, hasta el ahorro en transporte público y  la mejora en nuestra calidad de vida mediante el continuo ejercicio.  Parece que las autoridades no terminan por ponerse de acuerdo en la organización de la ciudad y su trazo en la mejora de la vialidad. La idea está presente solo en algunos sectores de la urbe, como la zona estudiantil, algunos centros recreativos o  en pequeñas calles ligeramente alejadas del centro. Sin embargo, la difusión de este transporte colectivo será inevitable en un futuro cercano. Prueba de ello no solo es el incesante incremento en los precios del transporte publico, sino el ejemplo de ciudades más pequeñas que Madrid que ya se han adaptado a una normativa ciclista.

 

Hay mucha gente que acepta que andar en bici es mas fácil y rápido que caminar, y que a su vez es una nueva forma de socializar. El uso de la bici es un elogio y no sería descabellado pensar en su utilización como un fenómeno de culto. Su demanda ha ido en aumento y es muy probable que así siga ocurriendo. Cada uno de nosotros debería estar consciente  de este medio de transporte y pedalear  todos los días una sonrisa en el rostro.