Betto Sibaja, Oaxaca

suicide

Como seres humanos, gran parte de nuestra vida está dedicada hacía la autodestrucción. Aunque sea muy difícil de creer, la intención no es la de acabar con la propia vida sino de experimentar un determinado placer en el sufrimiento. Sin embargo, hay que tomar muy en cuenta que la depresión también juega un factor importante en este estilo de vida.

El suicidio es un acto en el que una persona deliberadamente se provoca la muerte. Se estima que las dos terceras partes de las personas que se quitan la vida sufren de depresión y que los parientes de suicidas tienen un riesgo más elevado – hasta cinco veces más – de padecer este riesgo. Para muchas religiones, esto significa un pecado y hasta en algunas jurisdicciones es considerado un delito. Sin embargo, muchas culturas, sobre todo las orientales, lo ven como una forma honorable de escapar de algunas situaciones humillantes o de dolor extremo.

 

 

Como elemento carnal, la muerte es el ejemplo de un motivo en el acto suicida, y no es una consecuencia casi ineludible. De esta manera, los mártires no son considerados suicidas porque se sacrifican por una creencia, ni tampoco los que se sacrifican por una emergencia, los muertos no son proscritos por la ley. Si el suicidio tiene consecuencias legales, la ley tiene que tener pruebas de la intención de morir, así como la propia muerte para que el acto sea considerado un suicidio. Este proceso puede ser muy costoso en caso de minusvalía y tenga que depender de alguien más, que entraría en una dinámica de cómplice de suicidio.

 

 

La Universidad Inglesa de Warwick, el Hamilton College y la Universidad de San Francisco revelan que países europeos como Dinamarca, Islandia, Irlanda y Suiza, u otros situados en América como Canadá y Estados Unidos, son considerados como los más felices del mundo y son también los países donde más suicidios se producen. Según los autores de la investigación, el nivel de felicidad de los demás sería un factor de riesgo de suicidio porque las personas descontentas que viven en lugares donde el resto de individuos viven felices  tienden a juzgar su propio bienestar en comparación con el de las personas que les rodean. Hace poco la revista Forbes publicó una lista donde aparecen los diez países más felices del mundo. (http://www.forbes.com/2011/01/19/norway-denmark-finland-business-washington-world-happiest-countries_slide.html)

 

Esta lista está basada en un estudio hecho por el Instituto Legatum de Londres. En ella han sido clasificados un total de 110 países, lo que cubre el 90% de la población mundial. Estos resultados han descrito como contraste oscura la paradoja de altas tasas de suicidio en lugares felices. Las posibles causas las describe el profesor Andrew Oswald de la Universidad de Warwick y responsable de la investigación. Explica que el origen de esta paradoja podría ser el siguiente: “Las personas descontentas pueden sentirse particularmente hastiadas de la vida en lugares felices. Estos contrastes pueden incrementar el riesgo de suicidio, si los seres humanos estamos expuestos a los cambios de humor, las comparaciones con los demás pueden hacer tolerable nuestra existencia en un ambiente donde otros son completamente infelices”.

 

 

En los países Nórdicos se había atribuido las características propias del país, como por ejemplo las horas escasas de luz solar en invierno. Así como también, las diferencias culturales y las actitudes sociales en relación con la felicidad y el modo de concebir la vida. Así pues, Stephen Wu del Hamilton college afirma que “La gente evalúa su propio bienestar a partir de las comparaciones de las personas que lo rodean. Este tipo de efectos comparativos también han sido constatados en referencia a ingresos, desempleo, delincuencia, y obesidad “.